III Domingo cuaresma, Ciclo B

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LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 20, 1-17, LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1- 22-25 y LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 2, 13-25

             En el Antiguo Testamento Dios es muy celoso con su pueblo. No admite que el hombre ponga sus ojos en los ídolos. Les recuerda que el siempre ha sido fiel y ha estado cerca del sufrimiento como sucedió en Egipto. El pueblo debe tomar una decisión. La vida o la perdición. Si cumplen los mandatos que les ponen vivirán. Se convierten en la forma de vida para ser fieles a la alianza establecida por Dios en el Sinaí. El domingo pasado Abraham se presentaba como el padre de la Fe. Él es fiel e incluso en la entrega de lo más preciado de su vida. Hoy volvemos otra vez a recordar la fidelidad que tenemos que tener ante Dios. Dios o los ídolos. ¿Cuáles son los ídolos de nuestro tiempo? El Papa Francisco nos ha habla de los falsos profetas. Por medio de su verborrea juegan con los sentimientos para ofrecer una falsa felicidad. Nos pide que estemos atentos para no caer en sus redes. Y la mejor manera de descubrirlos es por medio de la oración y el ayuno. La oración nos pone en contacto con Dios. En ella experimentamos la verdadera voluntad de Dios para con nosotros. En el ayuno nos sale al encuentro la humidad. Nos hace valorar lo que realmente merece en la vida. Y en este domingo los mandamientos: No pronunciaras el nombre de Dios en falso, honra a tu padre y a tu madre, no cometerás adulterio… Los mandamientos de la ley de Dios nos salen al encuentro no como un fin, sino como un medio para acercarnos más a la voluntad de nuestro Padre Dios.

            Una de las dificultades que tenían las primeras comunidades cristianas era que la predicación en el Cristo crucificado producía rechazo tanto al pueblo judío como a los paganos. Esto hace que el apóstol Pablo tenga que justificar la muerte de Cristo. Parte de la humildad. Dios solo puede actuar cuando el hombre se deja abrir a la gracia. Para ello debe romper con sus prejuicios y abrirse a la sabiduría de Dios. San Agustín antes de su conversión vio la biblia como historias que no llevaban a la verdad. Solo cuando empezó a verlo con los ojos de la fe y rompió con los prejuicios empezó el camino. La humildad es muy importante en nuestra vida. Ella nos lleva al misterio de Dios. En este camino nos encontramos con la fe. Vivimos que lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

            Jesús sabía lo que hay dentro de cada hombre. Las apariencias son uno de los mayores males de nuestro mundo. Detrás esta la mentira. Se intenta ocultar la realidad y como dice el papa Francisco surgen los falsos profetas. Jesús nos invita a vivir desde la autenticidad. El templo era el lugar más importante del pueblo judío. Era la casa de Dios. El lugar más sagrado donde el hombre va a su encuentro. Jesús ve que la función del templo, lugar de oración, esta siendo sustituida por la codicia y la avaricia de los vendedores y cambistas. Él quiere volver a restituir otra vez esa relación perdida de Dios con el hombre. Si el templo no cumple su función, el hijo de Dios sí. Jesús quiere que el hombre tenga una relación intensa y sincera con su Padre Dios. El nos enseña el camino. Nos pide que seamos sinceros con Dios. Ir a la iglesia es entrar en un lugar sagrado. En él está Jesús sacramentado, que nos espera.

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