La autoridad viene de Dios y de la fidelidad a su palabra.

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Dt 18, 15-20; 1 Co 7, 32-35; Mc 1, 21-28

“Jesús enseñaba con autoridad” nos dice el evangelio. La seguridad de las palabras que salen de su boca están acordes con su estilo de vida y ellas vienen directamente de Dios. Moisés pide ayuda a Dios. Un profeta que predique la palabra de Dios. Él tiene que ser fiel a lo que dicta el Señor y no predicar palabras de Dioses extranjeros.  San Pablo llama a la radicalidad del Seguimiento a Dios. Intenta prevenir de la incoherencia que muchas veces se da en la vida, tener “dos amos” a los que servir.

            En la sociedad las palabras ya no tienen autoridad. Grandes discursos se han pronunciado y han quedado en el olvido. Los políticos, publicistas… han abusado: Grandes promesas por medio de la palabra que luego no se cumplen, elixires que prometen la felicidad y crean más infelicidad.  Recuperar el valor de la palabra parte de la fidelidad a ella. Esto es lo que nos enseña hoy las lecturas. Dios quiere que sus palabras cobren vida. Nos insta a que las cumplamos. Cuando la carga de la vida se hace muy pesada, me vienen las palabras de Jesús: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Estas palabras muchas veces se me han hecho vida. Poner toda la confianza en Él me ha enseñado que siempre está conmigo y que hay que poner las cargas en cumplir su palabra. Cuando uno cumple su palabra se siente seguro, bendecido y sin miedo.

        Lo más triste que nos sucede a los cristianos es cuando no somos fieles a Dios. Uno siente que ha perdido su simpatía, se siente inseguro a la hora de transmitir el evangelio a los demás. San Pablo ante esta situación nos insta a la radicalidad del seguimiento. Esta radicalidad debe partir de dejar las preocupaciones de este mundo o las “cargas de la vida” y centrarnos en lo que verdaderamente nos hace dignos de ser hijos de Dios. ¿El casado o la casada deben separarse? No, pues San Pablo ya nos dice que el matrimonio esta santificado. Lo que si nos dice es que incluso dentro del matrimonio hay que servir al Señor como primera cosa por medio del amor que se profesan y como dice Jesús los demás ya se dará por añadidura”. También insta a los que no están casados o no tienen vocación al matrimonio a servir de una manera más radical a Dios. Lo importante es no perder el trato con el Señor.

Jesús enseñaba con autoridad. Tú también puedes enseñar con autoridad. Se fiel al evangelio, predícalo con la palabra de Dios y da ejemplo por medio de tu vida y Dios habitara en ti dándote la fuerza, la valentía y el poder para ser un verdadero seguidor del Señor Jesús. 

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