La llamada

Comentario al  SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 6, 7-13

Jesús llama y envía. La misión predicar la conversión. Los medios para realizarla, la confianza en Dios. En estas palabras podríamos resumir el mensaje principal del evangelio de este Domingo. La llamada que Jesús hace siempre es una llamada radical. El pasado pierde significado y cobra una fuerza especial el presente. En el aquí y ahora surge la conversión. Jesús transforma tu vida para que seas luz en un mundo de oscuridad. Muchos escuchan la llamada de Dios, pero no se atreven a romper con su pasado. Acordémonos del joven rico que Jesús encontró. Le llama y le dice que venda todo lo que tiene y le siga, pero él estaba muy apegado a su vida anterior y rechaza la invitación. Quizás te encuentres en una situación parecida al Joven rico. Sientes que Jesús te dice: “ven y sígueme”, no tengas miedo y cambia de mentalidad. En el mundo en el que vivimos siempre nos dirán que la seguridad esta en el poseer, el mandar… en definitiva en el poder. Pero sabemos que el costo a poseer ese poder es por medio de un camino de destruir al prójimo y por consiguiente de infelicidad que como un hoyo que se cava en la tierra día tras día se va haciendo más profundo y oscuro. Se valiente y cambia el “chip”. Acepta la llamada que Jesús te hace. Tu vida ya sea en la soltería, el matrimonio, la consagración… no volverá a ser la misma. Empezarás a vivir con los valores del Reino de Dios cuyo pilar se fundamenta en el amor que Dios te tiene y que te hace tener una seguridad que se transforma en vivir la misión desde la gracia. Es decir, rompes con las cadenas de este mundo. “Les encargo que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto…”

La Natividad de San Juan Bautista

Queridos hermanos en Cristo Jesús. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. El plan que Dios pone en cada corazón es la vocación a la que hemos sido llamados para dar gloria a Nuestro Padre Dios. Hemos sido predestinados ya desde el vientre como bien lo dice el profeta Isaías: “El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.” Debemos ser fieles y esa fidelidad debe brotar de la confianza en Nuestro Señor Jesucristo. Sus palabras deben ser el soporte y el fundamento de nuestro actuar. ¡Grande es la vocación de aquel que integra en su vida diaria la buena nueva!
La fidelidad no brota de nosotros como nos dice el profeta Isaías: “Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas» En realidad, el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.” Dios nos cuida con su mano y nos anima a realizar lo mejor que tenemos. Ser conscientes de esta realidad es poner todo nuestro ser en Él. Nos moldea con su mano poderosa. Sus obras son nuestras obras.
El profeta Juan fue moldeado por Dios antes que naciera. El fue fiel hasta el final por que sabía que su fuerza estaba en Dios. Señor Jesús moldea nuestro Corazón, fortalece nuestra conciencia con tu presencia y danos el poder de vivir nuestra vocación según la voluntad de nuestro Padre Dios. Amen.

III Domingo cuaresma, Ciclo B

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 20, 1-17, LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1- 22-25 y LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 2, 13-25

             En el Antiguo Testamento Dios es muy celoso con su pueblo. No admite que el hombre ponga sus ojos en los ídolos. Les recuerda que el siempre ha sido fiel y ha estado cerca del sufrimiento como sucedió en Egipto. El pueblo debe tomar una decisión. La vida o la perdición. Si cumplen los mandatos que les ponen vivirán. Se convierten en la forma de vida para ser fieles a la alianza establecida por Dios en el Sinaí. El domingo pasado Abraham se presentaba como el padre de la Fe. Él es fiel e incluso en la entrega de lo más preciado de su vida. Hoy volvemos otra vez a recordar la fidelidad que tenemos que tener ante Dios. Dios o los ídolos. ¿Cuáles son los ídolos de nuestro tiempo? El Papa Francisco nos ha habla de los falsos profetas. Por medio de su verborrea juegan con los sentimientos para ofrecer una falsa felicidad. Nos pide que estemos atentos para no caer en sus redes. Y la mejor manera de descubrirlos es por medio de la oración y el ayuno. La oración nos pone en contacto con Dios. En ella experimentamos la verdadera voluntad de Dios para con nosotros. En el ayuno nos sale al encuentro la humidad. Nos hace valorar lo que realmente merece en la vida. Y en este domingo los mandamientos: No pronunciaras el nombre de Dios en falso, honra a tu padre y a tu madre, no cometerás adulterio… Los mandamientos de la ley de Dios nos salen al encuentro no como un fin, sino como un medio para acercarnos más a la voluntad de nuestro Padre Dios.

            Una de las dificultades que tenían las primeras comunidades cristianas era que la predicación en el Cristo crucificado producía rechazo tanto al pueblo judío como a los paganos. Esto hace que el apóstol Pablo tenga que justificar la muerte de Cristo. Parte de la humildad. Dios solo puede actuar cuando el hombre se deja abrir a la gracia. Para ello debe romper con sus prejuicios y abrirse a la sabiduría de Dios. San Agustín antes de su conversión vio la biblia como historias que no llevaban a la verdad. Solo cuando empezó a verlo con los ojos de la fe y rompió con los prejuicios empezó el camino. La humildad es muy importante en nuestra vida. Ella nos lleva al misterio de Dios. En este camino nos encontramos con la fe. Vivimos que lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

            Jesús sabía lo que hay dentro de cada hombre. Las apariencias son uno de los mayores males de nuestro mundo. Detrás esta la mentira. Se intenta ocultar la realidad y como dice el papa Francisco surgen los falsos profetas. Jesús nos invita a vivir desde la autenticidad. El templo era el lugar más importante del pueblo judío. Era la casa de Dios. El lugar más sagrado donde el hombre va a su encuentro. Jesús ve que la función del templo, lugar de oración, esta siendo sustituida por la codicia y la avaricia de los vendedores y cambistas. Él quiere volver a restituir otra vez esa relación perdida de Dios con el hombre. Si el templo no cumple su función, el hijo de Dios sí. Jesús quiere que el hombre tenga una relación intensa y sincera con su Padre Dios. El nos enseña el camino. Nos pide que seamos sinceros con Dios. Ir a la iglesia es entrar en un lugar sagrado. En él está Jesús sacramentado, que nos espera.

II domingo de cuaresma, ciclo b

Lectura del libro del Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18, Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-34 y Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-10               

             Hay un dicho que dice que Dios a prieta pero no ahoga. Abrahán descubre en sus propias carnes lo que significa la fidelidad a Dios. Lo que más quiere en el mundo, su hijo. Dios se lo pide. Abraham en un acto de confianza y fe se lo da. La relación con Dios pasa por esta prueba vital. En nuestra vida espiritual siempre tenemos la tentación de dejar a Dios en un segundo plano. El trabajo, el ocio, la familia… siempre buscamos escusas. Si queremos tener una relación sincera con Dios hay que pasar por esta prueba.

            El tiempo de Cuaresma es un buen momento para reflexionar que es lo que más quiero en esta vida y descubrir si estoy esclavizado a ello. Hay personas que viven para el trabajo y cuando llega la enfermedad y no pueden trabajar se derrumban, otros viven esperando el fin de semana para divertirse y pasan la mitad de la semana amargados e incluso hay aquellos que lo que más quieren lo ponen en las cosas materiales y cuando no pueden tenerlas se deprimen. Podríamos seguir poniendo un montón de ejemplos más, en todos ellos vemos el sin sabor de la vida. De ahí que Dios cuando quiere que le entreguemos lo que más queremos no es para hacernos sufrir, sino para que descubramos la verdadera felicidad a la que estamos llamados.

            A lo largo de la historia del cristianismo muchas personas han buscado el desapego de las cosas mundanas para llenarse de Dios. Los Padres del desierto, lo buscaban en la soledad, lejos de las tentaciones. Las ordenes mendicantes como los Franciscanos, Agustinos… lo buscaban en el desapego de las cosas materiales. Y los Santos ponían el evangelio como norma y actuar de su vida. Es importante no mirar para atrás como nos dice Jesús. Tenemos que coger nuestra cruz y descubrir que cuando le entregamos a Dios nuestra vida encontramos más de lo que damos. Hasta que no le hallamos dado a Dios lo que más queremos no podremos ser felices. San Agustín decía que es más feliz el que menos tiene pues su corazón esta desprendido de las preocupaciones del acumular. Demos a Dios lo que es de Dios y lo que es de Dios es su creación. Dentro de ella lo más precioso, Nosotros.

            El sufrimiento es parte de la vida. Siempre lo hemos escuchado y cuando lo experimentamos descubrimos la verdad de esa afirmación. Hay muchas maneras de vivir el dolor. Desde la soledad, la compañía, la adicción a una droga… Y también desde la fe. San Pablo nos pide que la vivamos desde esta última posición. Nos dice: ¿Si Dios está con nosotros? ¿Quién está contra nosotros? Dios entrego a su hijo Jesús por nosotros. Para San Pablo esta es la mayor justificación del amor de Dios hacia nosotros. El dolor no se debe vivir en soledad, hay que compartirlo con Dios. Dios quizá no nos lo quite, pero sí estará a nuestro lado. Uno de los sufrimientos que todos hemos pasado es ver algún familiar enfermo y que ya no tiene cura. Oímos comentarios de como Dios puede permitir esto… Si Dios existiera no permitiría tal sufrimiento… No hay palabras, ni discursos, para consolar aquellos que lo dicen. Pero uno en el interior siente que Dios esta hay. No nos corresponde a nosotros justificar el actuar la manera de Dios, pero sí que el silencio de nuestras palabras se convierta en acciones de comprensión y empatía hacia el que sufre.

            El evangelio de este domingo siempre me ha hecho cierta gracia, sobre todo la actitud de Pedro de lo bien que estaba en la montaña. En la iglesia actual también pecamos de lo bien que estamos. ¿y por que lo digo? Se ha metido entre los católicos una espiritualidad desligada de la realidad. Todos conocemos hermanos, e incluso nosotros, que viven una doble vida de fe. Van a misa, rezan el rosario, hacen adoración delante del Santísimo, cumplen con el sacramento de la confesión… y luego fuera de estos actos viven ajenos a las enseñanzas del evangelio. Pedro tuvo que enfrentarse a la realidad cuando bajo de la montaña. Y en la iglesia actual ¿Se ha bajado de la montaña? La tentación del hombre siempre ha sido buscar la comodidad e incluso las instituciones. Jesús nos dice que hay que bajar si queremos ser verdaderos discípulos. Los discípulos no entendían eso de resucitar. Lo comprendieron después. Antes hay que pasar por la cruz. Hoy necesitamos personas proféticas que pongan la realidad en la oración, que la oración los lleve a vivir los valores evangélicos. Instituciones que promuevan los valores evangélicos desde una espiritualidad encarnada.

            Jesús se nos presenta como el Hijo de Dios. Él es el camino, la verdad y la vida. En esta cuaresma bajemos de la montaña, cojamos nuestra cruz y presentémosla a Dios como hijos que confiamos plenamente en Él.

“Conviértanse y crean en el evangelio”

LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS 9, 8-15, LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 3, 18-22 y LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 12- 15

“Conviértanse y crean en el evangelio” Jesús nos apremia a que analicemos como estamos viviendo. Invita a vivir el evangelio. La buena noticia nos lleva al encuentro con el prójimo. En un mundo marcado por las malas acciones de personas hace que la caridad y la relación se enfríen. El papa Francisco en su mensaje cuaresmal nos pide que hagamos oración para descubrir los males que acechan a nuestro entorno. Es la mejor medicina.

            La televisión, internet, los celulares… a veces distraen y crean muros que enfrían nuestra relación con Dios. En tiempos de Noe el pueblo se había olvidado de Dios. La alianza demostró la promesa prometida a Abrahán y Pedro nos enseñó que en Cristo se cumplió definitivamente. Esta fidelidad nos debe animar a vencer el mal y empezar a vivir desde la oración.

            La cuaresma es un tiempo que nos regala la iglesia. La oración es la mejor medicina para prevenir el mal y mantener la llama encendida de la caridad. La fidelidad de Dios nos anima a mantener la esperanza en la celebración de la Pascua.

Tags: Cuaresma

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